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miércoles, 26 de agosto de 2015

Bulimia emocional

De las artes plásticas en un primer momento, pasando después por la literatura (pseudo-artes plásticas, pseudo-literatura), le llega ahora el turno a la lírica en verso (pseudo-poesía). Es la necesidad de expresar el torrente de sentimientos acallados que llevo por dentro. Necesidad que se está volviendo de cada vez más intensa, más imperiosa, más irrefrenable, como la fuerza del agua que rompe los muros que la encierra y la contiene. O más bien, como el impulso incontrolable de la náusea que provoca el vómito: agrio, hiriente y maloliente. Que acuchilla las entrañas. Y así vomito trazos, líneas y versos, en un intento de aliviar el dolor; intento que sin embargo me está conduciendo a una bulimia emocional perpetua y continua, sin retorno.


sábado, 25 de julio de 2015

Encuentros con la ciudad

He aquí mi momento estético con la noche y la ciudad. Sobre mi cabeza, pueden leerse las palabras "santa", "bar" y "milagro". A mi derecha, una papelera que se encontraba llena de libros. A mi izquierda, una manifestación de a̶r̶t̶e̶ ̶u̶r̶b̶a̶n̶o̶ vandalismo que reza, en letra pequeña, "Viva la utopía".

"Yo, que pierdo la vida cada noche
Y el horror de ser yo me decapita
Quiero aprender de lo que resucita
De este sagrado y mágico derroche
Salvar mi sangre de la sed del lobo
De uña y de colmillo ensangrentado
Por este mundo cansado y malvado
Donde florece como una luna el diente"
Leopoldo María Panero

Adoro la luz anaranjada de las farolas y el polvo gris del cemento.



martes, 19 de mayo de 2015

The right way to hold a spoon

Excede cualquier expresión lingüística. Se encuentra fuera del alcance de los vocablos; las palabras no pueden abarcar la descripción. No puedo hablarlo, sólo sentirlo.
Si acaso, cuando escucho esta canción, puedo reproducir mentalmente cada rasgo de su rostro.

Las primeras notas comienzan dibujando, delicadamente, la torsión redondeada de sus rizos, de uno en uno; poco a poco, lentamente, repite el patrón de las ondas de su cabello, cada curva de sus bucles, una tras otra: rizos, rizos y rizos... Se detiene. Continúa perfilando la finura del contorno aterciopelado de sus pómulos, descendiendo hasta su mentón. Momento ambiguo, que me llena de tormento. Y aparece el perfil que podría reconocer a mil kilómetros de distancia, entre mil millones de personas anónimas. En silencio, la melodía sube por la mejilla opuesta. Devienen otras desnudas pero nítidas notas que esbozan su intensa mirada; diminutas notas de piano dibujan sus ojos, como el movimiento ondulatorio de dos gotas al caer en el agua, que al mismo tiempo, siento como dos punzadas de aguja en mi corazón. Tinta negra sobre blanco. Esos ojos castaños, inteligentes, atentos, bajo la expresión seria y adulta de su ceño...  Incluso puedo observar cada una de sus pestañas. Desciende la música por su nariz, esculpida en marfil, hasta alcanzar sus labios: redondeados, suaves y... me tengo que callar. Casi puedo ver esa maravillosa sonrisa, que me hace tan feliz. En este momento recuerdo la sonrisa que en una ocasión me dedicó. La he recreado tantas veces, que se ha convertido en una toma de cine congelada, acartonada, en color sepia. Entonces, mi alma se funde con el universo:  se me abre un abismo en el pecho. Quedaron unos rizos, los que se asoman detrás de las orejas. Finalmente, en los últimos segundos del tema, la imagen se diluye, como una cucharada de sal en el mar.

Continúan siendo sólo palabras mediocres que no lograrán nunca abarcar la inmensidad de Charlie.

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viernes, 14 de febrero de 2014

Angelito

"Hay dos clases de memoria visual: con una, recreamos diestramente una imagen en el laboratorio de nuestra mente con los ojos abiertos (y así veo a Annabel, en términos generales tales como «piel color de miel», «brazos delgados», «pelo castaño y corto», «pestañas largas», «boca grande, brillante»); con la otra, evocamos instantáneamente con los ojos cerrados, en la oscura intimidad de los párpados, el objetivo, réplica absolutamente óptica de un rostro amado, un diminuto espectro de colores naturales (y así veo a Lolita)."
Lolita,  Vladimir Nabokov

No me gustaba Platón, antidemocrático, elitista, arrogante; no me gustaba su ontología, la Teoría de las Ideas. Y con eso que me encuentro con unos ojos negros, que me observan con curiosidad, con atención, respeto y en silencio. En menos de un segundo, a través de esa mirada he viajado al mundo de las ideas, y la belleza perfecta ha acariciado la piel de mi rostro como los rayos del sol en una tarde de primavera. Y para cuando soy consciente de lo sucedido, allí estoy, plantada delante de él, rodeada de gente, en el mundo cotidiano, el mundo sensible. El alma que ha caído a la tierra ha olvidado todo y y perdido sus alas; pero "viendo la hermosura de este mundo y acordándose de la verdad, toma alas y, una vez alada, desea emprender el vuelo" (Platón). Por ello el amor es filósofo. Por ello a través de su mirada sensible, recuerdo la belleza perfecta ya conocida.


Y no puedo añadir nada más, no hay palabras en este mundo que alcancen describir las sensaciones de esta revelación.

Esta noche (September 12, 2013 · 9:46 pm)

Esta noche duermo con Baco, en un lugar en el que me siento extraña.
Tal y como comentaba Arendt, soy apátrida. No me reconozco en un país que me impone una cultura lejana que no siento como mía.
No me reconozco en las manifestaciones nacionalistas ocurridas en estos últimos días, a pesar de que puedo llegar a entenderlas, tampoco me conmueven desde lo más profundo de mi esencia.
No me reconozco en unas tierras que a pesar de ser las que me han visto nacer, me han llegado a llamar “puta forastera”.
No me reconozco en las culturas con las que he tenido contacto en mi entorno laboral, porque a pesar de que me he esforzado en poder hablar sus idiomas, siempre me sitúan en un nivel subordinado, convirtiendo mi ilusión y mi interés hacia su Volkgeist en un hilillo de humo de cigarrillo gris azulado que atraviesa la oscuridad de mi alma.
Quizás por ello mi pareja me cautivó desde el primer momento, por la lejanía de sus orígenes y su extraño idioma, que al escucharlo me hace sentir lo que realmente soy: extraterrestre.
No tengo patria ni orígenes, porque éstos últimos han sido aniquilados con un tiro en el pecho, donde un público desconocido llora ante una tragedia griega que nunca tuvo lugar, simplemente porque no existió.
Pensaba que se trataba de cosmopolitismo, pero ahora resulta que no tengo patria.
Por todo ello, esta noche me lanzaré a a los brazos de Baco, para que llene de sentido todo mi extrañamiento, mediante un beso de color rubí.

Caminante sin meta (SEPTEMBER 7, 2013 · 9:10 PM)

Septiembre es mi Enero. Las primeras lluvias tras el largo verano me traen nuevas esperanzas de transformar mis ilusiones, mis propósitos, mis objetivos, aunque termine todos los años abocada a esta apatía existencial, tras evidenciar como mis intentos de trazar mi propia línea en la vida desaparecen sin dejar rastro, como dibujadas en el agua. Tan sólo una huella en el corazón, eso mismo que la gente suele llamar “experiencia”.
El caso es que irremediablemente siempre vuelvo a intentarlo. Quizás sea producto de mi mente bulliciosa, de mi curiosidad insaciable, o simplemente instinto de supervivencia darwiniana, ya que si desistimos, todo habrá terminado.
Así las cosas, desde hoy comienzo una rutina autoimpuesta por ¿salir de la vida sedentaria (es lo que tiene la condición de estudiante prorrogada con contrato indefinido)? ¿llevar una vida sana? ¿luchar contra mi inminente celulitis? ¿o arrastrada por las modas que aparecen en las revistas de belleza?
Salir a caminar. Yo no sé lo que es hacer ejercicio en serio. Sin embargo parece ser que caminar es en sí misma una actividad muy saludable: reduce el colesterol, previene la diabetes, mantiene la presión arterial a raya, mantiene los huesos en buen estado (todo esto suena a conversación postmenopáusicas), y lo que más me interesa: mejora el estado de ánimo y es eficaz contra el insomnio.Mens sana in corpore sano, veamos si así puedo mantener a raya mis ataques de pánico.
He caminado durante 45 minutos a paso ligero y firme, sin detenerme. Posteriormente, he recorrido unos 20 minutos de manera más relajada, paseando. He decidido adentrarme en calles que no suelo transitar, que prácticamente no conozco. No he sabido con certeza hacia donde me dirigía, ni me interesaba tampoco especialmente ese punto, ya que el objetivo de la actividad es simplemente caminar.
Caminar sin una meta o un destino que alcanzar. Algo tan insignificante como eso ha transformado mi experiencia: La ciudad y yo. Abandonando por un rato la casa, abandonando las calles que recorro habitualmente, que forman parte de mi cotidianidad, y encontrarme en soledad ha sido como un pequeño exilio. Una nueva perspectiva, salir de mi habitual extrañamiento con el mundo para adentrarme en uno nuevo. De una manera muy similar a la que ocurre en mi vida, soy una caminante sin meta. Me detengo así a deleitarme en lo transitorio, en lo volátil, en lo efímero: las miradas que cruzo con los desconocidos transeúntes. Nuevos grafittis en las fachadas. Anuncios de circos y conciertos despedazados y descoloridos en los muros. Obras cubiertas de sucia arena gris. El cemento de las fachadas oscurecido por el paso del tiempo, las lluvias y la polución. Excrementos de perro por todas partes que terminan convirtiéndose en el polvo que respiramos. Soy una cucaracha marrón.
La ciudad es un lenguaje. Voy a convertir el caminar en una nueva forma de pensar.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El hombre florero


Hoy quiero hablar de una tendencia que probablemente exista desde siempre, pero la casualidad ha querido que últimamente la observe con más asiduidad. Se trata del hombre florero, espécimen menos común que la mujer florero, pero no por ello menos interesante.

El hombre florero suele ser un hombre que no tiene un duro, o que no tiene ningún interés por esforzarse en trabajar, o que tiene muchas deudas. O las tres cosas a la vez. Por otra parte se destaca o bien por su belleza física o bien por su labia, por lo que es capaz de encandilar a la mujer, que a pesar de ser superior al hombre en millones de aspectos, en el momento en que ésta se enamora pierde por completo el sentido común y se convierte en un juguete en manos del otro.

El hombre florero ejerce un extraño influjo sobre la mujer, su atractivo físico es tal que la mujer no tiene palabras para expresar lo que siente al pasear junto a él cogidos de la mano por el parque, aunque sí tiene dinero en la cartera para pagarle la ropa, el alquiler, los caprichos, las deudas, lo que sea. En el otro caso, en el que este hombre florero no es que sea excesivamente guapo pero tiene tanta labia que hasta parece un argentino (con todo el respeto hacia los argentinos), es capaz de convencer a la mujer de cualquier cosa que se proponga, la mujer se ve deslumbrada por su plática, por ese hombre tan experimentado que ha vivido tanto y del que tiene mucho que aprender. ¡Y que pagar!

Y entonces la mujer enamorada se auto-engaña, ayayay el amor, ¡¡qué enfermedad!! es demencial.

De entre los casos avistados últimamente, distingo 3 diferentes tipos:

El primero de ellos es el de la mujer-cardo con el tío-bueno. Observarlos juntos es confuso, el asunto no cuadra de ninguna manera, la mente no te deja entenderlo. Es un panorama hasta grotesco. La mente humana tiene una serie de sensores estéticos que terminan en cortocircuito ante este cuadro. Y entonces por una milésima de segundo quieres creer en el amor, piensas que quizás esta mujer tiene alguna virtud que el tío bueno puede apreciar porque no es un hombre superficial, pero entonces te enteras que ese hombre no tiene un duro, que es un vividor, y que le saca a la mujer todo lo que quiere y más... es un caso de apoyo mutuo, ella obtiene una bonita estampa a su lado, un “a-pollo” y él un apoyo económico. Y tan contentos, oye...



El otro caso es el del hombre-vago y mujer-trabajadora. Este es más difícil de detectar, porque no resulta tan obvio a la vista. El hombre-vago suele ser alguien infantil, que no ha madurado nada, que en la actualidad se refugia en la crisis económica como excusa de que no tiene trabajo, pero en tiempos de bonanza tampoco trabajaba. Suele dormir de día y por las noches se las pasa jugando a la xbox junto a una coca-cola. No destaca por sus virtudes, sino por la ausencia de vicios: no es bebedor, no es jugador, no tiene adicciones, no da disgustos, no discute, sólo obedece a su ama. Es como un perrito faldero. Sólo que no trabaja. En este caso la mujer suele tener un trastorno por dependencia: “todos los hombres tienen algo, y le prefiero a él antes que a alguien que me dé disgustos”; ésta es la excusa tras la que se refugia. Ella llega agotada a casa tras un duro día de trabajo, y se encuentra a su hombre florero sentado jugando a la videoconsola. La cena sin preparar. ¿Me preparas la cena, cariño? Le dice el hombre a la mujer. Y ella se lo prepara, porque eso es mejor que llegar a casa y encontrarte a tu marido en la cama con otra. Tal como un florero, porque no sirve más que para adorno. Y tan contentos...


El tercer caso es el más morboso. Se trata del hombre-mayor experimentado con la mujer-joven e ingenua. Es una pareja en la existe una diferencia de edad entre ambos tal que se puede decir que el hombre ya tiene un pasado con historia. Es un hombre divorciado y con hijos de su relación anterior, que conoce a una mujer más joven y guapa, sin mucha experiencia y a la que hace creer que es “la mujer de su vida”. Lo más probable es que no tenga ni un duro y se aproveche de la ingenuidad de la joven, que además tampoco está nada mal físicamente. No le pasa la manutención a sus propios hijos pero a pesar de ello, le hace creer a la joven que formarán una familia. ¡¡¡Y ella se lo cree!!! porque está absolutamente convencida de que ella “es especial” y que con ella “va a cambiar” (cuánto daño ha hecho Anatomía de Grey...!!!) Lo peor de todo es que este hombre florero la trata fatal. Hace con ella lo que quiere, la abandona en función de los beneficios que le aporte, si en algún momento hay algo que no funciona, puedes estar bien seguro de que buscará en otra lo que necesita. Si pasado un tiempo se da cuenta de que esta chica le supone una serie de gastos, la abandona sin más. Pero llega el momento en que la joven puede recibir unos ingresos interesantes, o bien porque ha encontrado trabajo o bien por cualquier otro motivo, y el hombre-experimentado se convierte en una ovejita, le hace cuatro carantoñas... y la vuelve a tener comiendo de su mano. “Te prometo que voy a cambiar” le dice. “Y de paso, ¿me dejas un poco de dinero para llegar a fin de mes?” Por el interés, I love you Andrew. Y más que contentos...

A pesar de todo lo expuesto y contrariamente a la idea que puede haber dado todo lo dicho anteriormente, llegados a este punto quiero hacer una pequeña (no muy grande tampoco) reivindicación del hombre florero. Continuamos viviendo en una sociedad tan machista que el hombre florero se sitúa en una escala más baja y rastrera que la mujer florero. ¿Y qué problema hay con que una mujer mantenga a un hombre? Si los dos están de acuerdo, oye no hay nada que decir. En nuestra sociedad, el hombre que está en manos de una mujer se le considera un ser despreciable, sin ningún tipo de “hombría”. Pues que sepan que no nos falta mucho para que las mujeres alcancemos la hegemonía.

Ahora bien, no está bien que se aprovechen de una y se utilice a las personas como medios y no como fines en sí mismos. Allá cada uno... chicas, tened los ojos bien abiertos, porque se está mejor sola que mal acompañada.



jueves, 5 de enero de 2012

¿Define la dicotomía amigo/enemigo la esencia de lo político como afirmó Karl Schmitt?

Después de haber reflexionado no he llegado a ninguna conclusión mejor, y esta dicotomía me parece en definitiva bastante convincente, aunque no suene muy bien.

El hecho es que Schmitt afirma que “no se puede negar razonablemente que los pueblos se agrupan como amigos y enemigos, y que esta oposición sigue estando en vigor, y está dada como posibilidad real, para todo pueblo que exista políticamente” (El concepto de lo político).

Quiero hacer hincapié en un aspecto que me perece muy interesante, que es “está dada como posibilidad real”. Esta afirmación me traslada al DASEIN de Heidegger. El dasein es el ser-ahí arrojado a la existencia, es el hombre que problematiza constantemente su existencia, su ser; la angustia le pone frente a la revelación de nuestra auténtica condición, que es la finitud, de manera que es un ser para la muerte; dice Heidegger que nuestra vida se pierde frente a la inautenticidad, ya que la culpa nos hace presente el pasado y la muerte nos hace presente el futuro, (por ello sólo el hombre es propiamente mortal) y ahí es donde quiero llegar: la muerte nos hace presente el futuro.

La posibilidad de una muerte próxima hace que los pueblos se agrupen en amigos y enemigos y conformen un estado, “El Estado es el status político de un pueblo organizado en el interior de unas fronteras nacionales” y “contiene en el caso decisivo la pauta concluyente”: el caso decisivo es la posibilidad futura real de la muerte, es decir, la guerra.

Me parece acertada la afirmación de que la dicotomía amigo-enemigo es la esencia de lo político, ya que aquellos pueblos que no tienen una organización estatal como tal, por ejemplo las organizaciones acéfalas tribales de África, en la que no existe un cabeza de estado, sucede de esta manera: se agrupan en función a esa dicotomía. Un grupo cohesionado reconoce a un enemigo en común, porque existe la posibilidad real de un enfrentamiento que concluya en la muerte, y para evitar ello realizan una serie de “intercambios” de comida, objetos, regalos o mujeres; a pesar de que no se declaren la guerra, continúa la posibilidad, y por supuesto el reconocimiento del otro como enemigo.

Otra cosa es que dijera Schmitt que la esencia del Estado es la distinción amigo-enemigo, que no es el caso. Pienso que el Estado es la organización, que presupone el concepto de lo político, cuyo objetivo es evitar que se produzca “el caso decisivo”. No suena bien en este mundo hablar de enemigos, porque resulta hostil, con lo que se habla de “oponentes, competidores” etc. En la actualidad la violencia se condena (en principio), por lo que el Estado debe considerar otras vías para llegar a un acuerdo (la política) y evitar la guerra: pero la posibilidad está ahí. Por ejemplo, estos últimos días se ha hablado en los medios de comunicación de la tensión entre Irán y EEUU por la declaración del primero acerca de la posibilidad de cierre del canal de Ormuz, punto estratégico para el tránsito de petóleo hacia occidente, a lo que EEUU ha respondido que en tal caso tendría que tomar “medidas contundentes”.

Con todo ello quiero decir que a pesar de estar de acuerdo con la distinción amigo-enemigo como esencia de lo político, no apoyo que tengan que surgir hostilidades entre las naciones para que tenga lugar lo político, y mucho menos “el caso decisivo”. El Estado debe regular eso. Además, afirma Schmitt, que en el caso de que apareciera en un futuro un Estado global, desaparecería lo político, cosa con lo que no estoy de acuerdo: continuaría lo político y también la política para poder mantener y sostener ese Estado global, la pregunta que se me ocurre entonces es: ¿Sería como el Gran Hermano de Orwell? Pero ese ya es otro tema.

¿Dónde se sitúa el límite entre lo público y lo privado en Schmitt? pienso que el límite se encuentra precisamente en el caso decisivo, ya que cualquier ámbito, sea el económico, religioso, etc., si surge una disputa que enfrente a uno o varios sectores de la sociedad y puede significar una posibilidad de guerra y muerte, se convierte automáticamente algo público.


viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Existe enajenación tal y como la entendía Marx en el mundo laboral actual?

Voy a intentar hacer una reflexión acerca de la enajenación en el mundo actual. Sabemos que el contexto en el que vivió Marx es bastante distinto al actual sin embargo creo que puede ser interesante debido a los tiempos de crisis en los que vivimos. Me centraré sobre todo en el sector turístico de los países del primer mundo porque es el que mejor conozco.


Analizando primeramente en qué dimensiones Marx afirma que se produce la enajenación del hombre en el trabajo, sabemos que éstas son 4:

1) Enajenación del hombre con el producto de su trabajo.

2) Con el acto de producción.

3) Como ser genérico.

4) Del hombre respecto al hombre.


Estamos hablando de un contexto en el que las que las familias abandonaban (eran expulsadas de) sus campos para trabajar, todos y cada uno de ellos incluyendo los niños a cambio de un sueldo mísero, en las urbes, donde se levantaban grandes fábricas que el desarrollo tecnológico del momento llenaban de máquinas que permitían, mediante la división del trabajo, grandísimos beneficios para los propietarios de esos medios de producción, es decir, los capitalistas burgueses.

Los proletarios trabajaban ante una maquina realizando un solo movimiento de manera repetitiva durante jornadas larguísimas, en unas condiciones infrahumanas y sin los derechos laborales de los que ahora disponemos.


El contexto laboral actual en los países desarrollados es bastante distinto al contexto laboral contemporáneo a Marx. Se han ido alcanzando unos derechos laborales, depende del convenio pero a grandes rasgos se puede hablar de la jornada laboral de 40 horas semanales, indemnizaciones por despido, vacaciones pagadas, etc.


Con el nacimiento de la sociedad del bienestar las familias pudieron obtener crédito para realizar compras que anteriormente no hubiesen podido contemplar, tales como coches, electrodomésticos, y con las vacaciones pagadas, la realización de viajes (ocio). Con el desarrollo económico del último siglo el sector terciario, el sector de los servicios, ha ido creciendo de manera muy significativa, configurándose como el sector más importante dentro del PIB en los países del primer mundo.


La característica más destacable del sector servicios es la intangibilidad. Es un producto que no puede comprobarse antes de su adquisición, del cual se dispone y se produce en un momento y lugar determinados: la recepción en un hotel, la traducción de una guía turística en un museo, disposición de información acerca de un destino en una agencia de viajes, el asesoramiento fiscal... Se trata entonces de un tipo de trabajo de persona a persona (tengo que decir en el presente la revolución digital está cambiando radicalmente también este sector). El factor humano es aquí el más importante. Cuando un turista regresa a su ciudad de origen después de su estancia en otro distinto al de su entorno habitual, el trato recibido, los recuerdos y las experiencias que la persona se lleva de ese viaje están también adheridas a todos los prestadores de servicios involucrados. Ejemplo: la sensación de bienestar o malestar al pisar el hotel se relacionará inevitablemente con la voz, la cara y el trato proporcionado por el recepcionista.


1)Parece ser que se ha superado la primera dimensión de la que Marx hablaba que se producía la enajenación del hombre con su producto: El producto del servicio se encuentra inherente en el prestador del servicio, es suyo. En el caso de la venta de productos, que es también un servicio (el vendedor no las realiza sino que las vende) pueden existir incentivos por comisión, lo que hace que el producto y el beneficio no sean únicamente propiedad del capitalista inversor.

2)La segunda dimensión parece también superada ya que al tratarse de un producto intangible, el proceso de la prestación del servicio dependerá de la manera de proceder de cada trabajador en el que se entremezclan muchos factores (educación, idiomas, simpatía, amabilidad, conocimientos, experiencia y una larga lista).

3 y 4)La prestación de un servicio hace que la relación entre el trabajador-cliente sea más empática, ya que se trata de satisfacer una necesidad o demanda. Se trata de una relación humana. El objetivo es que cada prestación se ajuste a las necesidades del demandante de manera que debe ser adaptada según las circunstancias.
Por otra parte se suelen desarrollar en las grandes empresas de servicios unas políticas corporativas para que el trabajador se integre en la empresa, se trabaje en equipo con una conexión a nivel interdepartamental, se ofrecen ventajas al trabajador por formar parte de la plantilla (descuentos, premios, viajes, etc.)

Y no sólo desde la relación trabajador-empresa (conjunto de trabajadores) sino también trabajador-entorno, ya que de cada vez más se intentan adaptar a la empresa las presiones sociales de conciencia con el medio-ambiente o sociedad (como es el caso de The Body Shop que lucha contra la pederastia o La Caixa con su obra social y fundación en el Gran Hotel de Palma, por nombrar algunos).


Y después de describir este mundo tan bonito y perfecto preparaos porque os voy a contar... la verdad!!!: que nos han engañado.


En la actualidad la gente continúa enajenada pero es una forma de enajenación más sofisticada y mucho más difícil de desentrañar debido a la complejidad que han alcanzado las relaciones en la sociedad actual.


En mi opinión existen en la actualidad 2 factores de enajenación que Marx no pudo contemplar: el márketing y el consumismo. Y la última se deriva de la anterior.

En el mundo actual absolutamente todo gira entorno al márketing, y no me refiero únicamente al márketing promocional televisivo, sino al márketing en todos los niveles, un márketing que se ha filtrado en las relaciones personales, en las laborales, en las decisiones políticas, e incluso en el humanismo y el arte (por ejemplo, es arte o es una obra de arte aquello que tiene detrás toda una campaña publicitaria que apoye que eso es arte). En la política actual sucede lo mismo, ya que las campañas de márketing no sólo publicitan un partido político o un personaje político, sino que además realizan una serie de estudios psicológicos para determinar qué factores emocionales pueden llevar un ciudadano a sentir simpatía por un partido o personaje político, y guían sus “meetings” para que hablen de una determinada manera e influir por la vía emocional en los ciudadanos, en lugar de hacerlo a través de una ideología o programa electoral sólido y bien argumentado. El resultado es una serie de ciudadanos que votan a partidos que jamás les beneficiarán con una fe que se escapa de la racionalidad, y un sentimiento de pertenencia a un grupo.

La libertad de elección está coaccionada por el márketing, que afecta también al mundo laboral. La percepción actual del trabajo en los países desarrollados es que el desarrollo profesional conduce al desarrollo personal. Algunos de nuestros padres o abuelos, vivieron en su infancia situaciones de miseria debido a la post-guerra civil española, y ello unido al crecimiento económico que se derivó del boom turístico de los '60 ha hecho que estas últimas generaciones, nacidas en democracia, crezcan con esa idea inculcada de que debemos tener un futuro mejor que el de nuestros padres, eso significa tener un trabajo mejor: un trabajo en el sector servicios, en el que se puedan desarrollar nuestras potencialidades y no en una cadena de montaje o recogiendo algodón en el campo. Sin embargo esta idea se ha ido distorsionando a causa del márketing y del consumismo y en lugar de desarrollar la creatividad o el bienestar de una sociedad, lo que se busca es un ESTATUS: quiero ser el primero en mi empresa para obtener el “estatus” de directivo, comprarme un BMW y veranear en las islas Fiji. Surge así una competencia en el puesto de trabajo para alcanzar dicho estatus. Es en este punto donde surge la enajenación del punto 4, la del hombre con el hombre, porque contrapone los mismos trabajadores. En muchas ocasiones se promueven las situaciones de competencia proponiendo premios en función de unos resultados a alcanzar, que no tiene otro objetivo más que el aumento del beneficio del capitalista dando lugar a conflictos entre trabajadores, y entre trabajador-directivo ya que el primero quiere ocupar el puesto del segundo. El trabajador del mundo actual se encuentra enajenado con el hombre.

Desde mi punto de vista a partir de aquí se deriva también la enajenación del trabajador con su género (3) y con su producto (1), ya que a pesar de que el servicio es inherente al propio trabajador, el sistema de comisiones descrito anteriormente no lo hace más suyo: por alcanzar ese aumento de sueldo (con el que podrá adquirir productos más caros y aumentar así el estatus social) es capaz de recurrir a estrategias no éticas con el ser humano y con el medio ambiente (fraudes, engaños, timos). El empresario utiliza el trabajador dándole esa comisión o “mejores condiciones de trabajo” (ascensos, coche de empresa, dietas, etc.) para augmentar su beneficio: también está enajenado.


Respecto a la segunda dimensión, la enajenación del trabajador con el acto de la producción, es difícil de determinar por la naturaleza intangible del servicio, sin embargo me atrevería decir que en esos términos, el trabajador también continúa enajenado en algunas ocasiones: en algunos casos, se le deja al trabajador un margen de actuación de manera que él mismo pueda determinar cómo actuar para la realización de su trabajo, e incluso se valoran rasgos de su personalidad ya que pueden encajar bien en la realización de un servicio (simpatía, hablar de una determinada manera). Sin embargo, todos conocemos el caso de algunos prestadores de servicios que no tienen ningún margen de libertad para decidir cómo realizar su trabajo, como son los agentes telefónicos, entre otros, que se asemejan más a un robot o máquina ya que tienen fuertes imposiciones y reglamentos que les describen al último detalle cómo deben proceder. Se trata una vez más de estrategias de márketing.


En el contexto de Marx, el augmento del beneficio del capitalista se producía, entre otras cosas, porque el trabajador se convertía en una mercancía más. Pienso que en la actualidad el trabajador no es tratado como una mercancía, sino como un número: hemos pasado de una economía real a una economía financiera, en la que los costes lo dominan todo, y la nómina de un trabajador es un coste más para la empresa, como el coste de las materias primas o de las instalaciones o de cualquier otro tipo, en lugar de ser pensada como una inversión (inversión entendida como una inversión humana que proporciona a la empresa un valor con sus conocimientos, técnicas y humanindad). De manera que ese coste se reemplaza por el más barato, evitando a toda costa situaciones en las que un trabajador puede “salir caro”: contratos basura, desigualdades de género (mujer y embarazo), e incluso el mobbing empresarial, es decir, el acoso del trabajador en su puesto de trabajo para que se vaya por su propio pie y ahorrarse así el pago de la indemnización por despido. Cuando llega el momento de realizar al trabajador el contrato indefinido por causas legales, éste se reemplaza por otro, al que se realiza otro contrato basura, evitando así situaciones de riesgo en el futuro e ignorando el tiempo y las enseñanzas que se le han invertido al trabajador. Esto es así, como he dicho, porque el trabajador no es una inversión sino un coste. El trabajador, más que una mercancía, es un número, de manera que continúa cosificado.


El humanismo del que se quiere dotar al mundo laboral actual es un humanismo disfrazado que oculta situaciones de enajenación más difíciles de determinar si utilizamos las dimensiones de Marx, de manera que habría que pensar la enajenación de manera distinta, en cualquier caso, mi opinión es que el trabajador continúa enajenado, aunque él lo ignore debido al mundo dominado por el márketing y el consumismo en el que vivimos.

martes, 20 de septiembre de 2011

Cuánto hemos cambiado

Personas a las que ves y crees que han cambiado. No sólo se ven distintos, sino que además se muestran y presentan distintos. En principio uno no los reconoce. “Ahora yo...” “Si, de hecho yo ya...” “No, la verdad es que ahora no...”. Pero en realidad no han cambiado ni un ápice. Tan sólo puede uno darse cuenta si en lugar de mirar los ojos en sus ojos, se mira el alma. O si en lugar de escuchar sus palabras, se escuchan sus actos. En ocasiones es evidente, pero a veces no nos damos cuenta hasta que es demasiado tarde.

Personas a las que ves y crees que siguen como siempre. Continúan con sus vidas. -”¿Cómo estás?” -“Bien, como siempre”- responden. Continúan con sus cónyuges. Los niños son más grandes, pero ellos trabajan en la misma empresa. O continúan con sus estudios. Llevan el mismo peinado. Siempre hará ese movimiento raro con la pierna al caminar. De hecho se le reconoce por esa chaqueta que tiene desde hace años.

Pero en realidad se ha transformado. Es otra persona. Ahora sus palabras no representan las cosas del mundo. Ahora sus palabras son hechos del mundo. El brillo en su mirada es ligeramente distinto aunque uno no se dé cuenta de ello en un primer momento.


Ha nacido una flor en su pecho. Y con cada paso en el mundo se abre más y más. La semilla es la misma, eso nunca cambiará. Pero sus pétalos inundan el espacio antes ocupado de vacía ingenuidad, ilusión, imaginación. Poder, esperanza.

No es algo negativo. Ahora es más sabia que antes y puede discernir a través de los ojos el valor de las auténticas personas. Ya no está atrapada en el mundo representado. Junto a su sonrisa siempre infantil hay una mirada más inteligente.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Mi profesor M. T.

Tengo en mi habitación un carrito con ruedecitas, utilizado comúnmente para colocar las verduras en la despensa, repleto de libros, ya que mi economía no da para comprarme una estantería como dios manda. Colocando mis libros estaba yo hace algunos días, cuando di con un libro que compré hace unos años: The catcher in the rye, de Salinger. Original en inglés. Lo compré en mi primer año de Turismo, al descubrir una tienda en la ciudad de libros en inglés y alemán. Ni que decir tiene que no lo he leído.
El caso es que tenía el libro entre mis manos y me detuve a pensar: “¿cuánto tiempo hace ya?”. Diez años. Diez años hace ya, de cuando mi profesor de inglés de 3ero de ESO nos recomendó que leyéramos El guardián entre el centeno.
Yo tengo la inmensa suerte de decir que he tenido profesores maravillosos. Desde luego, los mejores se pueden contar con los dedos de una mano (e incluso me sobran dedos) y uno de ellos es, indudablemente, M. T.
Cartorce o quince años tenía yo cuando M. nos enseñaba inglés en mi instituto. Recuerdo la época como una nube de ingenua felicidad, melodrámadica a la vez por esos pequeños grandes problemas de una pubescente, completamente alterada por las hormonas, en la que la razón de mi vida giraba únicamente en torno a mis amigos, y me pasaba el día haciendo tonterías. Debíamos de ser un coñazo para M. Pasábamos completamente de los profesores. Pero a pesar de ello, nos dejó huella a mí y a la mayoría de mis compañeros. Nos resolvía las dudas de biología; llevábamos música a clase; Nos contaba anécdotas de Londres y del extraño humor inglés; Sus historias nos dejaba completamente embelesados. A mí me trajo una biografía de Boney M en inglés que todavía conservo. Recuerdo que cuando nos contó que le gustaba la música jazz, mis amigas y yo buscamos algo de jazz para escuchar.

Con todos esos recuerdos en la mente me pregunté qué habría sido de M., así que me puse en plan CSI con el dios Google y descubrí que es traductor para la editorial Acantilado. Sin pensármelo dos veces me fui a la librería que tengo al lado de casa para llevarme lo primero que encontrara traducido por M. y adquirí La tía Mame de Patrick Dennis.
Y ayer no pude soltar el libro en toda la noche. Es divertidísimo, ¡hay tanto de mí en la tía Mame! Por suerte, mi único sobrino (de diez años también) no es huérfano, pero sí intento llevarle más allá de la educación que recibe en su colegio aburrido. Me reconozco en la ingenuidad y en la mala (y a la vez buena) suerte de esa dama excéntrica e inquieta.

Ahora que han pasado los años, he ido a la Universidad, he trabajado, he aprendido también cosas de la otra universidad (la de la vida), puedo apreciar de corazón la labor de esos profesores que con tanto cariño recuerdo. Y en este caso, la de M. Quizás algún día tenga la suerte de encontrármelo en un restaurante, en una conferencia o simplemente por la calle, y pueda darle en persona las gracias, por haberme enseñado algo en la vida (aunque la lista de los verbos irregulares continúe siendo una pesadilla), por haberme dado ejemplo, por despertarme la curiosidad. Hasta entonces sólo puedo hacerlo desde aquí.
Voy a comenzar el segundo ciclo de la Licenciatura en Filosofía. Al fin he encontrado mi pasión. Y me gustaría algún día ser una profesora como él.
Prometo que voy a leer The catcher in the rye, aunque sea diez años después, claro que sí!

miércoles, 29 de junio de 2011

Naranja, rojo, verde

Hace un tiempo que la chica cree que algo ha cambiado.
Sumida en el más profundo dolor, creyó ver al maldito (a partir de ese fatídico día y para siempre, se llamará de esta manera) deleitándose con un relajado y tranquilo paseo junto a una señorita pelirroja bajo la ventana de su habitación. Esa ventana junto a la que, en las largas noches de verano del 2007, no podían parar de hacer el amor, a través de la cual se proyectaba en las paredes la luz anaranjada de las farolas de la avenida, en forma de rayas discontinuas, deformadas por las ranuras de la persiana. Solía dormirse con la cabeza sobre su pecho observando las rayas naranjas en su pared, hasta que cerraba los ojos y entonces todo lo que veía era la oscuridad del sueño.

La chica montó un drama histérico y sus amigos, en un intento de consolarla, la llevaron a uno de esos centros de ocio a cenar y a jugar a los bolos...

Al día siguiente, después de una noche sin dormir y un terrible dolor de cabeza, le vio otra vez. Y sin más, desde el intenso dolor y profundo abismo en el que se hallaba, apareció una fuerza insospechada que le subió desde las entrañas hasta el pecho y le inundó el corazón: ahí se encontraba ella, junto a un extremo del paso de peatones con el semáforo en rojo mirando fijamente al maldito que, acompañado por la señorita pelirroja (pelirroja-naranja), se situaba en el otro lado de la calle. La fuerza de su pecho se proyectó en los ojos del maldito a través de su mirada, más brillante que el cabello de la pelirroja, tan llena de odio que ardía en fuego como el rojo Ampelmann, rojo, quieto, estupefacto.

“No se trata de rencor, sino de odio” dice Panero. Ahora la chica le entendía.

El maldito la vio. Ella creyó distinguir en él una mirada de preocupación, y de sorpresa. Incluso, de súplica, ante el manifiesto desastre que se iba a desencadenar en unos segundos.

El semáforo se puso en verde, y para dramatizar aún más la escena, la chica se quedó de pie en ese lado de la calle, con los brazos cruzados y su mirada de odio clavada en el maldito, que empezó a avanzar hacia ella cruzando el paso de peatones junto a la pelirroja. Ella le esperaba para plantarse delante de él.

Y de repente, a tan sólo dos pasos del maldito, descubrió que el maldito no era tal.

Se le parecía muchísimo pero no era el maldito.


Comenzó a andar y se dio cuenta de que sus piernas estaban temblando. El odio dio paso a un gran alivio, sin embargo, un alivio de muy mal sabor, tal como cuando te comes una cereza pasada y es amarga. Porque quería que fuera él, quería obligarle a presenciar lo que en ese fatídico día él quiso evitar. Durante los segundos en que el Ampelmann se mantuvo en rojo ella pensó que era él, y no quiso esconderse, huir, desaparecer, sino hacerle frente, plantarle cara, clavar sus ojos en los suyos y que jamás se olvidara de esa última mirada, que se reencontrara con su rostro, esto es, con sus demonios.
Entonces, ¿le había vencido, aún cuando no se tratara del maldito? Creyó haberle visto con otra chica pero el dolor se convirtió en fuerza, que le permitió ponerse en pie, salir de la habitación de paredes acolchadas, darle una bofetada a su miedo. Su semáforo se había puesto en verde al fin.

Caminando hacia la plaza España, esquivando perros y pelotas de niños, cayó en que el falso maldito llevaba una camiseta de AC/DC, y eso no era posible en el auténtico maldito. Bueno, más que imposible, mejor decir que era poco probable, ya que como dice Arendt, citando a Rosset, “Los hombres normales no saben que todo es posible”; como ella ya no es normal (si es que en alguna ocasión lo fue; más bien pretendió serlo), ha aprendido al fin que todo es posible.

Por cierto, ¿qué debió pensar el desconocido acerca de la mirada de la chica fija sobre él, ininterrumpida y llena de odio? ¿Y la pelirroja?

Hace un tiempo que, sola en su cama, observa las rayas naranjas en las paredes de su habitación, pero ya no le duele.

sábado, 28 de mayo de 2011

Michel de Montaigne y la tolerancia: asunto del 2011

Tal y como Sócrates, un hombre extraño que a pesar de no salir nunca de su ciudad, Atenas, fue considerado como el más sabio de su tiempo, Michel de Montaigne, retirado en su castillo nos dejó plasmado en sus ensayos su pensamiento, que a día de hoy en 2011, calificaría de muy sabios, ya que nos muestra una lección que aún no se ha aprendido: la tolerancia.


En sus escritos se puede observar un lenguaje dubitativo, derivado de su escepticismo y en ocasiones, pesimismo, al referirse al hombre, a la raza humana: la califica como no más superior a los animales, y califica esa idea como una falsa pretensión, porque no podemos creer nuestros razonamientos. La razón humana, el logos, no es universal, sino que es particular, y además cambiante, volátil y diversa. Esa es la idea que deja ver en la Apología de Raimundo Sabunde, capítulo 12, libro segundo.


En sus ensayos Montaigne nos habla de tolerancia, siguiendo su línea de pensamiento, si la razón no es universal sino que es particular y diversa, ninguna está por encima de otra, ya que no podemos confiar en la verdad de nuestros razonamientos (más bien en la validez). De manera que promueve un respeto hacia las otras culturas, la tolerancia entre ideas. Montaigne desprecia la violencia, en concreto se refiere a los conflictos religiosos entre católicos y protestantes y el fanatismo que conlleva casi siempre este tipo de guerras. El fanatismo va en contra de la tolerancia y el respeto. Además de los conflictos religiosos, el pensador francés vivió la conquista del nuevo mundo, a la que definía como “viles victorias” por la esclavitud a la que sometían al pueblo nativo.


Michel de Montaigne profesa la relatividad cultural, un tema del que hablaba Heródoto en “Los nueve libros de historia”. En el fragmento número XXXVIII del Libro III de los Nueve Libros de la Historia, Heródoto expone que para cada hombre la mejor ley es la de su patria, y para ilustrarlo cuenta una anécdota ocurrida al rey Darío en la que comparó las costumbres entre unos indios llamados Calatias y los griegos al morir los familiares. Para los primeros es una costumbre bien vista y normal comerse los cadáveres de los padres, mientras que para los griegos eso es impensable y su costumbre es quemarlos, una blasfemia para los Calatias. En ese fragmento se habla sobre el relativismo moral en distintos pueblos, tema que recoge Montaigne reconociendo que las leyes, las morales y las religiones de diferentes culturas, —aunque a menudo diversas y alejadas en sus principios— tienen todas algún fundamento. «No cambiar caprichosamente una ley recibida» constituye uno de los capítulos más incisivos de los Ensayos.


Es importante tener en consideración estas ideas y realizar una reflexión. La diversidad cultural y de opinión es hoy en día fuente de muchos problemas, podemos verlo en televisión, en los periódicos, incluso a pie de calle, esperando en la parada de autobús. A través de los ojos de Montaigne, la multiculturalidad no sería problema, más bien riqueza, humanismo. De ahí la grandeza de nuestro autor, que habla de hombres, a hombres, no de eruditos a eruditos, porque son temas humanos.

lunes, 16 de julio de 2007

DOCEAVO


peina lo impeinado 1

oscila venado 2

muerto acanalado 3

combinando hincado 4

dulce palo aislado 5

cópula en el aro: 6

padre madre y paloma si conchabados 7

en el triángulo de aniquilación perpetuado 8

bajo la sombra pueden intercambiar miradas 9

pero la chimenea se derrumba, y el oscuro 10

ángel nos avisa, el doble, avaros 11

de la pérdida, el falso hermano desandamos 12